jueves, 20 de septiembre de 2012

Un itinerario con una grata Compañía

Sabemos que un itinerario es el camino previsto por donde debe discurrir un recorrido o viaje, y en el que vamos describiendo los aconteceres del recorrido. Para los católicos de la Archidiócesis de Valencia se nos ha brindado la oportunidad de realizar un recorrido de tres años con la mejor compañía que se podría uno imaginar: Jesús. Es un itinerario de renovación pero también lo es de iniciación; de renovación al pretender que se reanude nuestra relación con Dios con nueva energía y compromiso, y de iniciación para proporcionar los primeros conocimientos o experiencias sobre esta llamada de Jesús.
Todo viaje tiene un destino, así que el Itinerario Diocesano de Renovación también lo tiene: la identificación con Jesús, el Señor. Un caminar que nos recuerda al que San Lucas nos relata (cap.24-13) con los discípulos de Jesús, cuando apenados por su muerte huyen de Jerusalén y llegan hasta Emaús, comentaban entre ellos lo sucedido y en ese trayecto se le acercó Jesús y siguió con ellos, pero ellos no se dieron cuenta de quién era aquel acompañante. De nuevo Jesús quiere acompañarnos, a todos aquellos que libre y voluntariamente quieren hacer el itinerario de renovación, es el quién los elige, “no sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure” (Jn. 15, 9-17).
Ese encuentro personal con el Señor resucitado que nos sale al paso, como a los discípulos de Emaús, que sale al camino de nuestra vida cotidiana, tiene tres indicaciones a los que el texto del Evangelio de Marcos (Mc. 3, 13-19) hace referencia: vocación, encuentro y misión. Nuestro itinerario apostólico marca muy bien lo que se pretende en todo este itinerario, que nos convirtamos en verdaderos apóstoles, que nos demos cuenta de la llamada de Jesús. No se trata de lograr una capacitación para el anuncio del Evangelio en el mundo en solitario sino en comunión con el mismo Jesús y con toda la Iglesia.
Nuestros ciclos nos marcaran las tres indicaciones de nuestro itinerario. La Vocación, pues “llamó a los que el quiso”. El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana y que fundamentan la vocación común de todos los discípulos de Cristo. Vocación a la santidad, a compartir la misma vida de Dios y vocación a la misión de compartir la misma tarea de Dios, esa vocación es algo mas que un proyecto de vida, es responder a la llamada de Jesús. La vocación es pues una iniciativa suya, una iniciativa que espera nuestra respuesta, respuesta que la damos en el diálogo de nuestra oración personal. Esa vocación personal aceptada por cada uno de nosotros no debe olvidar la exigencia de la vida comunitaria, la comunidad parroquial, en la que se hace presente y cercana la totalidad de la Iglesia universal, lugar donde se descubre y crece la propia vocación.
El siguiente ciclo, que sigue a la vocación, es el Encuentro personal con Jesús, es el núcleo de nuestro itinerario. Solo será posible una auténtica y real Renovación, Diocesana y personal, si esta surge del encuentro con Cristo resucitado. No puede ser de otro modo. Siguiendo el relato de los discípulos de Emaús, vemos que es “estar con él” lo que hace cambiar radicalmente de vida y suscita un nuevo dinamismo, así pues el itinerario quiere ser cauce para este encuentro personal con Jesús. Dejemos que Dios hable a nuestro corazón y lo haga arder de nuevo, y veremos como aumentan nuestras esperanzas. Con esos pequeños grupos, que forman el itinerario, en un clima de oración y de encuentro con Jesús, iremos desgranando la Historia de la Salvación de la que formamos parte. Ese será nuestro camino de Emaús personal y comunitario, y en el que nos encontramos con otro acompañante que nos revelará el sentido mismo de nuestro caminar juntos.
El último ciclo, tiene una proyección misionera. En el texto de Marcos indicado al principio, (Mc. 3, 13-19), aparece la frase “para enviarlos a predicar”. La categoría principal que subyace en este año es, pues, la de Misión, que tiene como fuente de todo su dinamismo al Espíritu Santo. Este ciclo nos tiene que ayudar a reflexionar, y a tomar posturas y decisiones, sobre la misión en el mundo contemporáneo , sobre el anuncio y la vida según el Evangelio en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia particular. Si queremos ser Iglesia de Cristo debemos ser Iglesia misionera. Es la misión de la Iglesia hoy en Europa. Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad mas profunda. Si existe es para evangelizar, o sea predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa.
El itinerario nos marca claramente sus paradas, reflexiones, vivencias, participación y comunicación. Cada parada es una toma clara de fuerza y energía para poder llegar a la siguiente, Jesús nos acompaña y nos da las fuerzas, para responder a esa llamada. Debemos estar preparados como todo atleta lo está para iniciar su recorrido, cumplir su misión,  y cubrir sus objetivos. Así pues, para responder a su llamada deberemos ser participes, con periodicidad, de los sacramentos de iniciación: Confesión y Comunión, esto nos dará el conocimiento: preparación. Con Jesús en nuestra vida podremos dejar que él nos hable a nuestro corazón: oración. Finalmente deberemos tomar postura y decisión para seguir adelante y contagiar a los que nos rodean: compromiso. Con preparación, oración y compromiso, llegaremos a nuestra meta en este itinerario, con la alegría y esperanza de que no estamos solos, es un itinerario con una gran compañía, la de Jesús resucitado, y como San Juan de la Cruz lo expresa: No se contenta ni satisface el hombre con menos que Dios (Cantico espiritual. 6)
José Antonio Puig Camps. Parroquia del Buen Consejo, Valencia Mayo 2011

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