jueves, 20 de septiembre de 2012

La perdida de identidad

Una de las características de la estructura económica mundial es y ha sido la asimetría, el desarrollo desigual entre dos polos opuestos: los países más desarrollados y las naciones en desarrollo; aquellos (el 20% de la población mundial) que tiene acceso al 80% de la riqueza de nuestro planeta.
Esta situación que hasta hace cincuenta años no tenía otra lectura que la de creer que unos (los ricos) lo eran por ser más listos y los otros (los pobres) lo eran por no saber cómo serlo, resulta que a finales del siglo XX empieza a existir una coyuntura mundial que hace que los listos (los ricos) no lo sean tanto y que los que no sabían cómo trabajar y hacerse ricos saben cómo provocar y hacer a estos la vida más incómoda.
Es en ese momento, donde el equilibrio económico y social está haciendo aguas, es cuando los grandes hombres del planeta ven la necesidad de hacer algo para seguir manteniendo su estatus, pero a mi entender, lo están haciendo muy mal. ¿Por qué?, pues porque no se les está ocurriendo otra cosa que seguir estableciendo las mismas reglas del juego que antes, es decir, dejar hablar y escuchar a los poderosos y desatender a los que no lo son.
Nada más lejos de la realidad, pues resulta que el siglo XX ha creado una tecnología que está permitiendo a todo el mundo, ricos y pobres, tontos y listos, estudiantes, empresarios y trabajadores, estar al tanto de todo lo que sucede en el mundo a través de las nuevas tecnologías, que con un “clic” se enteran de todo, o mejor dicho de todo lo que les interesa.
Aquí está el quid de la cuestión, el habitante del rincón más alejado del planeta, puede estar en disposición tecnológica para tener la información del mundo a su alcance. Este “conocer” es lo que ha hecho que una parte del mundo conozca la otra y que los que viven peor quieran vivir como los que viven mejor, esto se ha conocido siempre como la “gran brecha social”. Pero hoy esa brecha quiere ajustarse al ser más consciente, el ser humano, de lo que significa su gran capital humano. En términos económicos sabemos que todo capital puede invertirse para mejorar la situación existente y eso hace pensar en cómo obtener su máximo rendimiento y si este no puede alcanzarse en su país irá a otro donde tenga mayores posibilidades, a esto se le llama “inmigración” y es lo que está colapsando a muchos países del primer mundo.
Pero la realidad que se les presenta no es tan sencilla como hacer un análisis de su capital humano, ya que un ser humano no es una maquina que puede trabajar sin pedir nada a cambio. Un ser humano tiene sentimientos, familia, cultura, religión, etc., es decir una serie de atributos que al irse de su país los puede perder ¿Están dispuestos a perder su identidad? ¿Estamos dispuestos a perder aquello en lo que hemos creído?
(Autor José Antonio Puig. (charla en Collvert 1ª parte) 26-02-2011


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