jueves, 20 de septiembre de 2012

Bases Sociales de la Política Española (1982-2004)

En España hay un antes y un después que configura el sistema de partidos políticos, la referencia o punto de partida lo tenemos en el periodo de transición política, que lo ciframos entre 1972 y 1982. En este periodo se estableció un sistema de partidos políticos que podemos denominar de pluralismo limitado, a partir de la oposición derecha–izquierda y con un predominio de partidos moderados en cada uno de los ámbitos del espectro ideológico: La Unión de Centro Democrático (derecha) y el Partido Socialista Obrero Español (izquierda). Desde las elecciones generales de 1982 hasta las de 1993, prevaleció un sistema de partido predominante u homogéneo, un único partido con mayorías absolutas reiteradas: el PSOE. Este sistema cambia a un sistema bipartidista entre 1993 y 2000 con necesidades de apoyo de los partidos nacionalistas con el fin de obtener mayorías que permitieran la gobernabilidad. El PP con su mayoría absoluta en el 2000 parecía inaugurar un nuevo periodo de hegemonía o partido predominante, que desperdició a favor del PSOE, con vuelta a un bipartidismo con la necesidad de apoyos de otros partidos (fundamentalmente los nacionalistas).
Si analizamos la evolución electoral en estos periodos, observamos que en el periodo de los años 80 el PSOE sufre un relativa retirada de apoyo por parte de algunos sectores de clases medias, que aunque pueden ser multicausales, no es menos cierto la influencia fiscal en estas clases medias que empiezan a pagar impuestos de acuerdo con estándares europeos. De hecho la refundación del Partido Popular, en 1988, representa mas allá del cambio de liderazgo (llegada de la generación de Aznar), un giro estratégico de planteamientos y objetivos hacia cuestiones de carácter económico y fiscal, con el fin de atraerse a esas clases medias con promesas de rebajas fiscales reiteradamente cumplidas tras su llegada al gobierno en 1996.
Cuestión de interés es la relación del PSOE con los sindicatos, en la segunda legislatura (1986-1989) este partido no tenia una clara oposición política y ésta se encontraba fuera del Parlamento con la aproximación de los dos principales sindicatos, que se convirtió en unidad de acción a medida que el PSOE y la UGT iniciaban su desencuentro que alcanzó su clímax en la huelga general de diciembre de 1988, arrancando al gobierno socialista importantes medidas redistributivas en materia de pensiones, sanidad, protección de desempleo, etc. con la consiguiente y progresiva erosión de la autoridad moral del gobierno de González. En 1993 con la crisis económica, se une el desempleo, los escándalos políticos y la recesión, con el consiguiente desplazamiento de su centro de gravedad hacia las clases pasivas (jubilados, amas de casa, etc.) para quienes los beneficios de las políticas redistributivas fueron mas duraderos (universalización de las pensiones, sanidad, educación, etc.), sectores que actuaban de contrafuegos electorales, acudiendo en apoyo del partido socialista, a medida que se acercaba el momento de cambio político (primero en 1993 y después en 1996 que pudo por fin ganar las elecciones). De ahí que los conflictos distributivos característicos del viejo orden industrial hayan ido cediendo al empuje de las tensiones redistributivas asociadas a las políticas de bienestar.
Esta perspectiva, nos pone de manifiesto el por qué el PSOE mantuviese el volumen de apoyos parecidos entre 1986 y 1996 (unos 9 millones de votos), pese a su tremendo desgaste lo que hizo fue reemplazar los votantes que perdía en el ámbito de la producción y el mercado de trabajo (como consecuencia de las políticas fiscales, laborales, etc.) por otros nuevos que se beneficiaban de las políticas de bienestar (sanidad, pensiones, etc.). Este proceso de transferencias electorales dio lugar a un desplazamiento del centro de gravedad del electorado socialista desde las clases trabajadoras (su núcleo tradicional) a sectores de jubilados y amas de casa.
Con las elecciones generales de 2000 se cierra, momentáneamente, el periodo de sistema bipartidista y de equilibrio de fuerzas característico de los años noventa, logrando el PP su primera mayoría absoluta. Esta mayoría fue fruto de la dinámica de dialogo social que el PP ponía en marcha a partir de su llegada al gobierno en 1996, que permitió la consecución de la bonanza económica (entrada de España en la Unión Monetaria), así como un clima de opinión favorable a su acción de gobierno, el PP, paradójicamente, había conseguido en una legislatura lo que el PSOE no había conseguido en cuatro.
El dialogo social fue una prioridad de su tarea de gobierno (PP) con su reforma laboral, acuerdo sobre las pensiones, etc., que marcaron la antesala para su victoria en el 2000. Pero esta segunda legislatura del PP se caracterizó por su ruptura del dialogo social en la primavera de 2002; mediada la legislatura el gobierno de Aznar daba numerosos indicios de que esa mayoría absoluta estaba modificando el estilo de gobierno que tan buenos resultados dieron en la legislatura anterior. Es cierto, que esa ruptura del dialogo social no fue responsabilidad total del gobierno del PP, pues los sindicatos también contribuyeron a ella, en el caso de UGT con un endurecimiento de sus posiciones que dejaba sola a CCOO con el gobierno y puso en cuestión el principio de unidad de acción que había presidido la actividad sindical durante los años 90. El “decretazo” del gobierno PP fue la respuesta unilateral a la decisión de los sindicatos de ir a la huelga general. El gobierno finalmente rectificó y tras una laboriosa gestión del nuevo ministro de Trabajo (E. Zaplana) el dialogo se restableció, indicando, el secretario de acción sindical de UGT, ser consciente de que era la primera vez en la historia de la democracia que con una huelga general el Gobierno rectifica algo que ya estaba implantado.
La posterior implicación del gobierno de Aznar en la guerra de Irak aumentó la impopularidad y el desgaste del PP, pero el empate en las elecciones municipales de 1993 mostraban que el PSOE era incapaz de recuperar el centro político que parecía haber abandonado el PP. De cara a las elecciones generales de 2004, la situación parecía decantarse de nuevo a favor del PP, pero los atentados del 11M trastocaron de forma súbita el escenario electoral, y el PP que un mes antes se presentaba como favorito de las elecciones (según el estudio preelectoral 2555 del CIS), las perdió. Entre otras cuestiones, que en este articulo no entro en analizar, se observa que el efecto de edad funciona como un factor de cambio, propiciando el voto de castigo tanto en 1996 como en 2004 y, con ello, el cambio de ciclo político. Pero a este respecto, podemos decir que no todo lo relacionado con la edad es factor de cambio, un análisis de González y Salido (2003) y que los datos de las elecciones generales del 2004 parecen confirmar, pues de los tres rasgos característicos del voto juvenil: baja participación, radicalismo e izquierdismo, los dos primeros son efectos de la edad, en tanto que el tercero (izquierdismo) sería mas bien un efecto generación de los que en 1986 tenían 25-34 años y en las elecciones del 2004 tenían, en su mayoría, 45-54 años. Así que las bases sociales de la política es la conveniencia de renunciar a cualquier idea de bases naturales, que permitirían, a partir de unos interés definidos de antemano, coaliciones para dar acceso a la ansiada hegemonía política e ideológica.

Articulo de Opinión de José Antonio Puig Camps, con datos obtenidos del libro “Tres décadas de Cambio Social en España” de J.J. González y M. Requena. Publicado 27-junio 2011

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